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Words

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Contemos una historia juntos. Desde el principio.  Contemos nuestros miedos y superémoslos juntos. Aunque cuesten. Aunque duela. Pero sigamos juntos.  No sé cuánto tiempo tenemos asignados en esta ruta, ni si nos separarán en algún momento. Pero sigamos juntos. Por favor.  Escribamos el primer momento. Y el último de cada día. Por si fuera el último. Por si ya no nos quedara momentos que compartir. Pero si tienes que irte antes, dímelo. Por favor.  Escribe todo lo que quieras hacer en este camino. Escríbelo todo por si algún día no puedes dar más pasos, y los dé yo por ti. Porque sabes que lo haré. Terminaré todo lo que dejaste a medias. Lucharé por conseguir lo que querías. Por seguir escribiendo nuestra historia. La tuya. La mía. Porque si llega el momento de tener que seguir por este camino sin ti, quiero que los demás te recuerden. Sepan de ti.  Si tengo que vivir más que tú en esta vida, necesitaré que me escribas todo lo que quieras ...

Last

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D ejamos de ser quienes fuimos durante unos segundos y nos preguntamos por qué. Las causas de nuestro silencio. De por qué cuando nos volvemos a mirar a los ojos dejamos de ver lo mismo.  Desde hacía demasiado tiempo dejamos de sentir esa conexión que nos hacía ser inseparables. Dejamos de buscarnos despiertos y compartir nuestros pensamientos. Las cosas habían cambiado inexplicablemente, de la noche a la mañana, como se suele decir. Pero lo que me resultaba inverosímil era mi actitud: ¿por qué había dejado de amar a la persona por la que lo hubiera dado todo ayer? ¿Por qué las cosas habían cambiado de repente? La miraba y... solo sentía que estaba mirando a una persona, como cualquier otra, tumbada a mi lado en la cama. Veía su ropa tirada en la silla como si solo fuera eso, ropa. Su cara solía transmitirme paz, tranquilidad, deseos de besarla... pero ahora, en cambio, solo quería dejar de verla, porque empezaban a nacer sentimientos de apatía y desinterés.  Su mano, a...

Nothing

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Volvió a mirar por la ventana, pero siguió sin ver nada. L as horas pasaban. Las estaciones cambiaban. Pero ella seguía siendo la misma, una chica llena de misterio, inseguridad y tristeza. El tiempo que pasaba por la vida de los demás no la tocaba a ella.  Cada día, con la llegada de la oscuridad, Ella se ponía junto a la ventana para mirar las estrellas. Pero no se veía nada. Absolutamente nada. Aún así, se quedaba contemplando el firmamento hasta que los primeros rayos de luz empezaban a iluminar el asfalto. Entonces, Ella se marchaba a su habitación para escribir, y no paraba hasta que sus tripas comenzaban a rugir hambrientas. Y así cada uno de los días. Y así cada una de las noches. Pero no ocurría nada más. Pero una noche, la luna brillaba. Esa luna era diferente, jamás había visto nada parecido. Y sonrió... sin más. Su vida se tornó de un color gris, la oscuridad había desaparecido por aquel destello blanco que la luna le ofreció. Y con los primeros rayos de so...